Cuando se trata de emergencias nucleares o radiológicas, el papel de los equipos de protección individual (EPI) es a menudo incomprendido y a veces sobrevalorado. Estos tipos de incidentes presentan escenarios altamente complejos y peligrosos en los que incluso el EPI más avanzado sólo puede llegar hasta cierto punto en la protección del usuario.
Como en toda planificación de la seguridad, el conocimiento es la clave. Comprender los riesgos específicos que entraña un suceso nuclear o radiológico permite aplicar estrategias de mitigación más eficaces. Aunque se ha prestado mucha atención a los efectos devastadores del armamento nuclear, el calor abrasador y la sobrepresión aplastante, estas fuerzas físicas pueden desbordar las cualidades protectoras de cualquier traje. Sin embargo, la amenaza menos visible de la radiación conlleva sus propios retos, a menudo empañados por la confusión y la desinformación.
Cuando hablamos de EPI de protección frente a amenazas radiológicas y nucleares (QBRN), normalmente nos referimos a la protección frente a partículas alfa. Estas partículas son altamente ionizantes, pero también relativamente fáciles de bloquear: las detiene una hoja de papel, unos centímetros de aire o la capa externa de la piel. Sin embargo, aunque las partículas alfa no pueden penetrar la capa externa de la piel, se vuelven peligrosas si se inhalan, ingieren o absorben a través de cortes y abrasiones. Sin una protección respiratoria adecuada, pueden dañar tejidos internos como los pulmones, e incluso zonas sensibles como la córnea del ojo.
Es importante señalar que los tipos de radiación más penetrantes que las partículas alfa, como los rayos X, los rayos gamma o la radiación de neutrones , plantean riesgos mucho más graves y requieren medidas de protección completamente diferentes.
Los trajes de protección nuclear están diseñados para evitar la contaminación por partículas radiactivas, pero no protegen contra la radiación gamma o neutrónica altamente penetrante. En la actualidad, ningún traje práctico ofrece protecciónn contra la intensa radiación ionizante que se libera durante una explosión nuclear. Para protegerse de tales fuerzas se necesitan barreras gruesas y estacionarias como las de hormigón o plomo.
En resumen, el EPI tiene un papel vital en la protección QBRN, pero no es una bala de plata. Comprender las limitaciones del EPI es esencial para cualquier estrategia eficaz de respuesta a emergencias.